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CARNE
Cautela y discreción: los condimentos de un acuerdo
Las negociaciones entre el Gobierno y los referentes de la cadena comercial de la carne esta semana siguieron dominadas por la cautela y la discreción, desde los dos sectores, con una propuesta oficial guardada bajo siete llaves y extensas reuniones en el ámbito de la producción ganadera nacional.
Así, mientras los dirigentes del campo mantienen un silencio invulnerable sobre el tema, desde el Gobierno se deslizó en voz baja que el borrador de trabajo conjunto, que las autoridades entregaron a los productores, apunta a prorrogar el acuerdo de precios que se alcanzó el año pasado y venció el 31 de diciembre, así como a fijar las pautas de comercialización y producción de carnes para los próximos meses.
De llegarse a un consenso general, el acuerdo tendría vigencia hasta agosto de este año, pero las deliberaciones todavía están lejos de plasmar en realidad.
Ese borrador de trabajo determinó, además, que esta semana se sucedieran las reuniones entre los referentes del primer eslabón de la cadena comercial, los productores, y, en ese ámbito, primó la cautela y la discreción a la hora de comunicar cualquier decisión. Dicen, desde las entidades, que no se firmará ningún acuerdo si antes no se aceitan bien todas las sugerencias oficiales con los reclamos sectoriales, aunque del texto se desprende que la propuesta del Gobierno reedita el convenio del año pasado, cuando se hizo foco en el control de precios para la respuesta en puerta de frigorífico, así como el compromiso de no trasladar aumentos a los consumidores.
Existen también dos ofrecimientos del Gobierno a la cadena cárnica: elevar en 10 por ciento el valor del kilo por res (que pasaría de 5,10 a 5,70 pesos para el novillo liviano) y distribuir en el sector unos 180 millones de pesos, como un incentivo a la mayor producción de carnes en el país. Todo, claro está, condicionado a que se mantengan los valores de aquellos cortes de consumo popular y masivo, para contener los indicadores inflacionarios desde el bolsillo del consumidor.
En rigor, dicen desde el sector, se trataría de un "blanqueo" en las cotizaciones de la hacienda en pie, considerando la inflación oficial acumulada de 2007 que se ubicó en el 8,5 por ciento, por lo cual no deberían elevarse los precios de venta de esos cortes.
Se pretende que cada eslabón de la cadena cumpla el rol que se tiene que cumplir y que cada agente gubernamental haga lo mismo, definiendo algo que, el año pasado, por ejemplo, sirvió para descomprimir la situación en el mercado de la carne, ya que, entre otras cosas, llevó a que se levantaron los controles que encorsetaban al Mercado de Liniers.
Desde la cadena comercial de la carne se admite que es razonable llegar a un nuevo acuerdo, pero los detalles y los términos dependerán de cada uno de los eslabones, cada funcionario y los actores involucrados.
También remarcan que se quiere trabajar con pautas para el mediano plazo, de modo de alcanzar un acuerdo sustentable, por lo cual se suceden las reuniones entre los referentes de cada eslabón: nadie quiere ser el mayor perjudicado; si hay que resignar posiciones, que la cosa sea equitativa y, cuando se firme, que sea porque se ha llegado a un consenso lo más generalizado posible.
Esta semana se avanzó precisamente en ese tema, en el ámbito de la producción, con la máxima privacidad, para que el proceso de análisis siga su curso y también porque desde ambas veredas se comprendió que no es tiempo de confrontar, ya que esta instancia no conduce a nada.
Algo más: las entidades trabajaban sobre la base de la propuesta oficial pero introduciendo temas que, a la sazón, buscan mejorar el "paper" elaborado por técnicos de la Secretaría de Agricultura. Entre esas mejoras al proyecto oficial se contempla la puesta en marcha seria de un plan ganadero, que esta vez se aplique, de modo que se pueda ir perfeccionando.
Gladys de la Nova
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